miércoles, 24 de febrero de 2016
viernes, 23 de mayo de 2014
¿Una ley antipiquetes?
La cuestión de los cortes de calles, rutas, caminos, etcétera se ha convertido en un clásico de nuestro país. Con ellos se pretende reclamar ante injusticias, manifestar descontento frente a alguna situación, obtener respuestas a determinadas situaciones, etcétera. Todas estas pretensiones son completamente legítimas y atendibles, y de eso no creo que haya discusión posible.
Pero más allá de la legitimidad de los motivos que llevan al corte de una ruta, creo que es una metodología que debe analizarse, y debe analizársela en profundidad y con mucha responsabilidad.
En principio considero que esta forma de protesta, conocida como "piquetes" puede resultar molesta para quienes desean llegar a su lugar de trabajo, llevar sus hijos a la escuela, simplemente transitar, salir de viaje de negocios o de recración. Y no sólo molesta, sino que además implica limitar el ejercicio de actividades que tienen el derecho a realizar, amparados por normas de la más alta jerarquía.
Ahora bien, montar un piquete (palabra con cierta connotación negativa, que invito a olvidar para hacer una lectura lo más imparcial posible) también puede ser encuadrado dentro de los derechos que mayor jerarquía tienen dentro del ordenamiento jurídico nacional, porque es un hecho indubitable que la Constitución reconoce derechos como peticionar, ser escuchados, protestar, o simplemente, expresarse en forma libre.
En este sentido, hay quienes dan preminencia al derecho los que manifiestan, y quienes- en contrario- creen que son superiores los derechos que el llevar a cabo un piquete resulta limitar.
Creo que no es clara la cuestión y que es completamente opinable. De lo que sí tengo absoluta certeza es que la solución no viene del lado de matar al mensajero.
¿Habrían cortado rutas los piqueteros de 2001, los ruralistas de 2009, o los ambientalistas anti Botnia de 2007, o los "caceroleros" de 2013 si quienes nos gobiernan hubiesen dado respuestas a sus problemáticas?
Creo que estamos acostumbrados socialmente a tomar los atajos, porque son más cómodos y nos llevan a destino más rápido. Y una ley antipiquetes, que venga a reprimir los cortes de calle es un atajo. Un atajo que nos lleva a quitarnos el problema de encima, y dejarlo sin solución. Pero, en el fondo, hay un reclamo totalmente legítimo y atendible (en la mayoría de los casos) que estamos dejando completamente de lado.
¿Es justo castigar al que protesta por la ineficacia de quienes nos gobiernan para encontrar instancias de negociación y diálogo que permitan solucionar las controversias? ¿Se cortarían calles si quien corresponda se acercara a intentar hallar una solución conjunta?
Si esto hubiera sucedido, los motivos que llevaron a los protestantes a cortar calles hubiesen sido escuchados, atendidos y probablemente resueltos, y quienes desean circular para llevar adelante sus actividades cotidianas también hubieran podido hacerlo.
Por otro lado considero que no debemos olvidar qué es la protesta y qué rol ha tenido, tiene, y tendrá en todas las sociedades que podamos analizar.
No creo que alguien proteste porque esté aburrido en la casa. Tampoco creo que debamos generalizar y decir que todos los piquetes tienen naturaleza política. Generalmente quienes protestan lo hacen porque tienen reclamos que necesitan expresar de alguna forma que les garantice ser oidos.
Y creo que es un ejercicio de responsabilidad ver un poco más atrás en nuestra historia reciente, para encontrar que en 2001 la gente salía a la calle porque tenia hambre, porque no tenía trabajo, porque no le alcanzaba el dinero ni siquiera para cubrir las necesidades más básicas y elementales y necesitaba que alguien, de alguna forma, le brinde- por lo menos- un principio de solución.
No es necesario aclarar que en un marco global más abarcativo, esas protestas dieron como resultado el fin de un gobierno democráticamente elegido.
Este ejemplo que nos pertenece y que nos toca bien profundo a los argentinos es suficiente para entender que el rol de la protesta es de transformación social: permite transformar la realidad en beneficio de quienes no tienen otra forma de ser escuchados.
¿Y si una ley antipiquetes hubiera estado vigente en 2001? ¿Cómo hubieran terminado la situación? ¿Y si no se hubieran cortado calles en 2009 para reclamar contra ciertas retenciones?
No debemos cometer la ingenuidad de pensar que situaciones como la de 2001 en nuestro país son sólo parte de un triste pasado cercano: siempre pueden volver a ocurrir, aunque- claro- nadie en sus cabales desea eso.
Es menester comprender que la protesta tiene un fundamental rol social para expresar cuestiones y que las mismas sean oidas, y que suelen ser motor de importantísimas transformaciones sociales. Ejemplos de esto sobran en la historia argentina, latinoamericana y mundial.
No debemos olvidar el papel que juegan los medios de comunicación masiva. Lamentablemente, si algo no genera impacto, los espacios de difusión a los que acceder se achican hasta casi extinguirse. Entonces, resulta- al menos- comprensible que se recurra a una forma de protesta que permita el conocimiento del móvil de la protesta. No hay otra forma de que el reclamo pueda ser sustancialmente escuchado y atendido.
De esto el oficialismo sabe bastante: se ha encargado de batallar contra ciertos medios y de construir una importantísima red de medios de comunicación oficialistas.
¿Desconoce entonces que una ley antipiquetes es silenciar los reclamos legítimos de las personas, que necesitan espacios mediáticos para darse a conocer?
Por último, quiero aclarar que no desconozco la posibilidad de que un corte pueda tornarse violento, o hasta caótico. Pero también considero que el Estado ya tiene herramientas para hacer frente a esas situaciones. No es necesaria una ley antipiquetes para eso.
Concluyendo, creo que la sanción de una ley antipiquetes desconoce ciertos derechos de la más alta jerarquía en nuestro ordenamiento jurídico, acallando voces y negando el rol transformador que ha tenido, tiene y tendrá la protesta; y que constituye un cómodo atajo que no contribuye a solucionar los problemas de las personas, como sí lo haría el reconocimiento de instancias de diálogo y negociación en aras a resolver los puntos de descontento social completamente legítimos y atendibles, además de castigar a los protestantes por la ineptitud de quienes tienen la obligación y la facultad de tomar decisiones que tiendan a brindar soluciones.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Por ahí sea la época del año, pero me siento cargado
negativamente, con muchas ganas de gritar, llorar y romper cosas. Estoy
asquerosamente susceptible, y las cosas que nunca me hacen mal, ahora sí. Es
extraño, pero por ahí eso habla más de mí de lo que yo creo, y el que sale a la
luz ahora, es el que de verdad soy, y no al revés. ¿Las que yo creo mis
fortalezas, son tales, o sólo son una coraza para no dejar expuestas mis
debilidades, como un mecanismo de defensa? Qué se yo. Mañana después de rendir
el coloquio, y antes de empezar con finales por ahí tenga un rato para pensar
estas cosas.
Mientras, a seguir avanzando. Pero ¿qué es avanzar?
Avanzar no es cerrar los ojos, agachar la cabeza y correr
como una topadora, llevándome lo que siento y lo que pienso por delante. Avanzar
es tomarme parte de mi tiempo para hacer las cosas que me gustan, es disfrutar
del libro de los abrazos todos los días, abrazar a mis amigos, tomar un buen
vino, darle lugar a mi olvidado corazón. Avanzar es tanto…
Pero… paradoja.
La paradoja está en creer que entiendo con claridad estos
conceptos, pero hacer, perfecto, lo contrario. No me refiero al estudio, que es
una gran responsabilidad. Me refiero a no poder ejercer el arte de equilibrar y
darme lugar para todo. Después de todo,
la vida es eso que pasa mientras rendimos parciales y finales.
jueves, 13 de junio de 2013
No le creo nada.
Una vez más una tragedia que tiene que ver con el transporte público. Una vez más víctimas fatales, y gran cantidad de heridos. No es lo único que se repite: también el discurso y el relato de Cristina diciéndonos cuánto lo siente y se apena, y enviándole su solidaridad a las víctimas del lamentable hecho.
Ahora bien, ¿cómo hago yo para creerle a la señora Presidente? Una persona a la que auténticamente le llegan este tipo de infortunios, no toma decisiones como la que ella toma. Y no me refiero sólamente a la actitud evasiva, al no hacerse cargo, a no invertir como corresponde, a naturalizar una situación de riesgo.
Porque no puedo creer que Cristina se sensibilice con víctimas de este tipo de sucesos, si el Poder Ejecutivo modificó tres artículos claves del anteproyecto de Código Civil 2012. ¿Cuáles? Los que se refieren a la Responsabilidad por daños del Estado, específicamente los artículos 1764, 1765 y 1766.
El Código establecía en versión presentada al Poder Ejecutivo un sistema de responsabilidad OBJETIVA del Estado principalmente. ¿Qué quería decir esto? Que ante un perjuicio al patrimonio, o a los intereses morales de una persona, cuyo causa provenga del Estado, aún a través de sus funcionarios y empleados, y de actividades lícitas y comunes de acuerdo a sus funciones, la víctima debía ser resarcida por parte del Estado sin necesidad de demostrar dolo ni culpa por parte del Estado, sino simplemente, por haber causado el daño.
Este panorama era muy alentador, ya que una persona que sufre un daño injustamente, no debe ser susceptible de discriminación de acuerdo a si quien se lo originó fue un particular o el Estado. ¿Por qué un particular respondería en mayor manera que el Estado? Este criterio siguió en su versión original el anteproyecto, y estableció esa clase de responsabilidad para este tipo de daños, pensando y privilegiando a las víctimas por sobre el orígen estatal del daño injustamente sufrido.
PERO...
Pero este anteproyecto fue sometido a una revisión por parte del Poder Ejecutivo de la Nación, que modificó estos tres artículos que establecían el sometimiento del Estado a las reglas de la responsabilidad por daños de cualquier persona, y el régimen de objetividad para dichos daños.
¿Qué puso en su lugar? Que la responsabilidad por estos daños se regirá por el derecho administrativo nacional o local, según corresponda, al igual que la de sus funcionarios. También aclaró expresamente en el artículo 1766 que las normas de Responsabilidad Civil, no son aplicables a la responsabilidad del Estado ni principal ni subsidiariamente.
Estas normas nos depositan en un panorama CONTRARIO al que promovía el anteproyecto en su versión originaria, tendiendo a un estado irresponsable por sus daños como cualquier otra persona. ¿Qué razón de ser tiene la diferencia? ¿Por qué la víctima de un daño que reconozca como autor al Estado debe ser tratada en inferioridad de condiciones que la víctima de un daño que provenga de un particular? ¿Y la igualdad ante las leyes?
Este tipo de decisiones no pueden ser tomadas por alguien a quien sensibiliza el dolor del pueblo ante hechos desafortunados como la tragedia de Once, o la tragedia de Castelar que sucedió hoy.
Una persona que quiere que el Estado no juegue el mismo rol que cualquier dañador ante los daños que genera (que son iguales a los de cualquier particular) está poniendo en riesgo el resarcimiento y la justicia para todas las víctimas de daño cuyo autor es el Estado, y no se está solidarizando, no está sensibilizado, no está dolido, ni los entiende. De ser así, estas modificaciones a la responsabilidad estatal que proponía el anteproyecto original de código civil, no hubieran existido.
En ese rol discursivo de HIPOCRESÍA, por mostrarse públicamente de una manera, pero tomar decisiones diametralmente contrarias, a mi entender, hoy está Cristina, y por eso, no le creo nada su aparente solidaridad.
Ahora bien, ¿cómo hago yo para creerle a la señora Presidente? Una persona a la que auténticamente le llegan este tipo de infortunios, no toma decisiones como la que ella toma. Y no me refiero sólamente a la actitud evasiva, al no hacerse cargo, a no invertir como corresponde, a naturalizar una situación de riesgo.
Porque no puedo creer que Cristina se sensibilice con víctimas de este tipo de sucesos, si el Poder Ejecutivo modificó tres artículos claves del anteproyecto de Código Civil 2012. ¿Cuáles? Los que se refieren a la Responsabilidad por daños del Estado, específicamente los artículos 1764, 1765 y 1766.
El Código establecía en versión presentada al Poder Ejecutivo un sistema de responsabilidad OBJETIVA del Estado principalmente. ¿Qué quería decir esto? Que ante un perjuicio al patrimonio, o a los intereses morales de una persona, cuyo causa provenga del Estado, aún a través de sus funcionarios y empleados, y de actividades lícitas y comunes de acuerdo a sus funciones, la víctima debía ser resarcida por parte del Estado sin necesidad de demostrar dolo ni culpa por parte del Estado, sino simplemente, por haber causado el daño.
Este panorama era muy alentador, ya que una persona que sufre un daño injustamente, no debe ser susceptible de discriminación de acuerdo a si quien se lo originó fue un particular o el Estado. ¿Por qué un particular respondería en mayor manera que el Estado? Este criterio siguió en su versión original el anteproyecto, y estableció esa clase de responsabilidad para este tipo de daños, pensando y privilegiando a las víctimas por sobre el orígen estatal del daño injustamente sufrido.
PERO...
Pero este anteproyecto fue sometido a una revisión por parte del Poder Ejecutivo de la Nación, que modificó estos tres artículos que establecían el sometimiento del Estado a las reglas de la responsabilidad por daños de cualquier persona, y el régimen de objetividad para dichos daños.
¿Qué puso en su lugar? Que la responsabilidad por estos daños se regirá por el derecho administrativo nacional o local, según corresponda, al igual que la de sus funcionarios. También aclaró expresamente en el artículo 1766 que las normas de Responsabilidad Civil, no son aplicables a la responsabilidad del Estado ni principal ni subsidiariamente.
Estas normas nos depositan en un panorama CONTRARIO al que promovía el anteproyecto en su versión originaria, tendiendo a un estado irresponsable por sus daños como cualquier otra persona. ¿Qué razón de ser tiene la diferencia? ¿Por qué la víctima de un daño que reconozca como autor al Estado debe ser tratada en inferioridad de condiciones que la víctima de un daño que provenga de un particular? ¿Y la igualdad ante las leyes?
Este tipo de decisiones no pueden ser tomadas por alguien a quien sensibiliza el dolor del pueblo ante hechos desafortunados como la tragedia de Once, o la tragedia de Castelar que sucedió hoy.
Una persona que quiere que el Estado no juegue el mismo rol que cualquier dañador ante los daños que genera (que son iguales a los de cualquier particular) está poniendo en riesgo el resarcimiento y la justicia para todas las víctimas de daño cuyo autor es el Estado, y no se está solidarizando, no está sensibilizado, no está dolido, ni los entiende. De ser así, estas modificaciones a la responsabilidad estatal que proponía el anteproyecto original de código civil, no hubieran existido.
En ese rol discursivo de HIPOCRESÍA, por mostrarse públicamente de una manera, pero tomar decisiones diametralmente contrarias, a mi entender, hoy está Cristina, y por eso, no le creo nada su aparente solidaridad.
jueves, 16 de mayo de 2013
#borradores
En un mundo donde la honestidad no es paradigma, los honestos tenemos bastante para pelearla, porque nos toca remar en contra de la corriente. Eso nunca es fácil, todo lo contrario. Porque básicamente no vamos a encajar en el mundo tal y como lo conocemos, y vamos a tener la necesidad de cambiarlo (aunque el sueño nos quede grande). Probablemente poco de esa inmensidad que podemos imaginar, al finalizar, hayamos cumplido. Pero cuando finalice el camino, nos vamos a mirar y vamos a tener una sonrisa inmensa mientras nos decimos "valió la pena" y- aunque no cambiamos el mundo- él no nos cambió a nosotros.
viernes, 29 de marzo de 2013
miércoles, 27 de marzo de 2013
lunes, 4 de marzo de 2013
domingo, 3 de marzo de 2013
me enerva
jueves, 28 de febrero de 2013
Ni en las víctimas pensaron.

Ayer estuve todo el día siguiendo más o menos el debate en la Cámara de Diputados por el Memorándum de entendimiento con Irán, respecto a la causa AMIA.
Es inexplicable la impotencia que siento al ver que aprobaron ese memorándum, pasando por encima de las críticas, de los errores asumidos, de la oposición social y política, en fin, me da impotencia ver que levantaron su mano por el "sí" más allá de un amplísimo rechazo de la mayoría de la sociedad (como pocas veces vi).
Me es inevitable preguntarme ¿Por qué esa necesidad urgente de aprobar un memorándum sea como sea? ¿Qué hay detrás de eso? ¿De verdad les importa más comprar petróleo barato que la justicia, memoria y verdad de 85 víctimas y todo un país? ¿Sinceramente piensan que el fin justifica todo medio, incluso cuando el medio sea regalar la justicia de esas víctimas? ¿Por qué la necesidad de inventar Diputados para que haya quórum?
Podremos señalar errores en el memorándum, podemos dar todos los argumentos que se nos ocurran, pero lo que de verdad me preocupa Y ME AUSTA, es que mientras los fundamentalistas votaban y aprobaban ese acuerdo, AFUERA ESTABAN LOS FAMILIARES DE LAS VÍCTIMAS PIDIÉNDO QUE NO SE APRUEBE!!! Puedo entender que a la oposición no la escuchen, ¡pero tampoco escucharon a las familias de los 85 muertos! ¿Se creen más dueños que ellos de la causa? ¿Creen que pueden pasar por encima del dolor de esas familias, que NO querían ese memorándum?
El tiempo dirá si estuvo bien o estuvo mal ese acuerdo. El tiempo también va a develar las verdaderas razones. Lo que no nos vamos a olvidar, son esas familias pidiendo que NO REGALEN LA ESPERANZA DE VERDADERA JUSTICIA POR SUS MUERTOS , y aún así, 131 lacayos (y sus Don Juanes) se cagaron en las 85 víctimas y en todo un país levantando la mano por el sí.
miércoles, 20 de febrero de 2013
La evolución del sistema de corrupción.
Para ser totalmente
sincero, al empezar a escribir esto tengo solamente una idea que me da vueltas
por la cabeza, pero que necesito expresarla, desarrollarla, defenderla, y si me
sale… será más que una idea, sino, me la tengo que olvidar.
Recuerdo hace bastantes años, cuando todavía era un niño y
no entendía mucho de sociedad, política y esas cosas (que ahora tampoco termino
de entender, aunque lo intento), y se decía que a los políticos les convenía
generar pobres, que a las personas no les alcance para comer, o que se
alimenten deficientemente, y que esa marginalización acabe por ser futuros
votos en las urnas ya que, como diría el gran Santi Aysine “Lo cierto es que sin nada en la heladera, se nos llena de vacío la
razón” .
La secuencia sería básicamente:
personas que no comen, mentes que no pueden pensar, votos que se pueden comprar
barato, elecciones ganadas, poder, corrupción, negocio.
Lo que hoy siento, al mirar críticamente esa situación
típica de la política de hace más de diez años y para atrás, es que me es innegable sentir que sigue estando
presente en la actualidad: sólo basta con observar la marginalidad en las
grandes ciudades (principalmente el conurbano bonaerense), el olvidado y
desprotegido Norte de nuestro país, etcétera. En esos lugares, sigue habiendo
una pobreza extrema que da miedo, y que nadie quiere mostrar mediáticamente,
pero que basta con dar unas vueltas por esas zonas para entender que es así.
Por suerte todavía es posible ver la realidad en primera persona. En estos
lugares prima ese modus operandi de una manera perversa de entender la
política, a la que le conviene que haya pobres para que se repita el ciclo que
describí antes.
Pero lamentablemente ahí
NO está lo peor. ¿Por qué? Porque si hago una lectura de la manera de hacer
política un poco más acá en el tiempo (desde hace diez años, en adelante), noto
que esa situación desapareció en ciertos puntos, pero no desapareció para dar
lugar al pensamiento crítico, a los salarios dignos, al fomento del trabajo, a
la industria, a la ciencia, sino que evolucionó
a una forma peor, aún más fina y menos perceptible, pero también más
perversa que la anterior.
Se trata de tomar a los mismos sectores vulnerables, y
utilizando como medio asignaciones familiares y obsequios (*),
otorgarles cierta movilidad social momentánea, pero mientras tanto, aturdirnos
a todos con un relato autorreferencial
en el cual ellos mismos se colocan como dioses, como los hacedores de
una nueva Argentina mejor que la anterior y como dignos de nuestro elogio
constante, y a quienes les debemos todo. Dos factores hacen constantemente a
este sistema:
- Todo el aparato estatal (medios de comunicación, el Congreso, la educación pública, el entretenimiento, los deportes, las campañas públicas, celebraciones, actos oficiales, etcétera) se encuentran al servicio de ese relato, y nosotros somos las víctimas.
- Una práctica en extinción en nuestra sociedad: el pensamiento crítico. Nuestras escuelas ya no enseñan a tomar la realidad, desmenuzarla, analizarla críticamente y tomar postura. Esto es perverso: recibimos información y nos adoctrinan como tontos. Sólo accedemos a ellos quienes personalmente nos preocupamos por hacerlo, y no se trata de una política nacional educativa por la cual se enseñe a los más chicos, desde su edad escolar, a no dejarse engañar. Todo lo contrario: se nos mete información subjetiva y llena de ideología.
Particularmente puedo rescatar logros del partido político
gobernante en los últimos años. Pero también puedo detectar un grado de
perversión y corrupción enormes, que me hacen ponderar los logros y esa
situación, y acabo por mirar todo lo que hacen a través de ese paradigma: ¿cuán valorable es cualquier logro, por
grande que sea, si mientras tanto se están aprovechando del pueblo, le están robando,
lo están estafando y nos están
adoctrinando a su gusto?
El conjunto de
relato, falta de pensamiento crítico, adoctrinamiento y esa situación de
vulnerabilidad en la que nos colocan que nos hace pensar que “todos le debemos lo que somos al gobierno”,
también se ve en las urnas, y también garantizan que sigan el poder, la
corrupción y que la política siga siendo un negocio.
¿A qué voy con todo esto? A que mientras la Presidente se
encarga de tejer un paralelismo entre antes y después de 2003, resaltando sus “logros”,
yo veo otra situación: para mí después de 2003, el aparato de corrupción y poder evolucionó, se hizo más fino, menos
perceptible, más perverso. Y tomar medidas claras y concretas para acabar
con todo eso debería ser la principal propuesta de cualquier política opositora
seria.
Creo que, por suerte,
no era sólo una idea loca J
(*)Quiero aclarar que NO estoy en contra
de las políticas de asignaciones familiares en sí mismas. Sí tengo un
concepto diferente de las ellas: desde mi punto de vista, para evitar que las
mismas se vuelvan clientelistas y contraproducentes, no deberían estar
planteadas para perpetuarse, sino sólo para parchar el problema de la falta de
trabajo, o la marginalidad. Sería más sano y más sincero que la verdadera
política de estado y tendiente a perpetuarse sea asegurarle a cada ciudadano un
empleo formal que baste para poder vivir y avanzar.
martes, 12 de febrero de 2013
Hay que ser bueno pero no hay que ser boludo. Creo que algún día voy a aprender la lección. Siempre digo que la teoría es muy fácil y puedo repetirla como versito. Pero ahora bien, en la práctica se ven las verdaderas debilidades. Y ahí fallo un poco. ¿Por qué digo que está todo bien, si no está todo bien? ¿Por qué me cuesta reconocer que a veces espero un "cómo estás, qué te pasa"? ¿Por qué siempre antepongo a los demás y me chupo un huevo yo mismo? Si pudiera llevar a la práctica esos consejos que suelo dar "hay que priorizarse, hay que quererse, hay que ser bueno pero no hay que ser boludo", todo sería mejor.
jueves, 7 de febrero de 2013
Carhué 2004Allen 2004
Ayaucho 2005
Viedma 2005
Puan 2006
Ayacucho 2006
Santa Rosa 2007
Allen 2007
Cipoletti 2008
Santa Rosa 2008
Bariloche 2009
Carhué 2009
General Roca 2010
Santa Rosa 2010
Cinco Saltos 2011
Allen 2011
Ayacucho 2012
Allen 2012
Balcarce 2013: la CODI número 19 arranca en menos de dos días. Juro que da vértigo mirar para atrás!!!!
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