miércoles, 20 de febrero de 2013

La evolución del sistema de corrupción.



Para ser totalmente sincero, al empezar a escribir esto tengo solamente una idea que me da vueltas por la cabeza, pero que necesito expresarla, desarrollarla, defenderla, y si me sale… será más que una idea, sino, me la tengo que olvidar.

Recuerdo hace bastantes años, cuando todavía era un niño y no entendía mucho de sociedad, política y esas cosas (que ahora tampoco termino de entender, aunque lo intento), y se decía que a los políticos les convenía generar pobres, que a las personas no les alcance para comer, o que se alimenten deficientemente, y que esa marginalización acabe por ser futuros votos en las urnas ya que, como diría el gran Santi Aysine “Lo cierto es que sin nada en la heladera, se nos llena de vacío la razón” .

La secuencia sería básicamente: personas que no comen, mentes que no pueden pensar, votos que se pueden comprar barato, elecciones ganadas, poder, corrupción, negocio.

Lo que hoy siento, al mirar críticamente esa situación típica de la política de hace más de diez años y para atrás, es que  me es innegable sentir que sigue estando presente en la actualidad: sólo basta con observar la marginalidad en las grandes ciudades (principalmente el conurbano bonaerense), el olvidado y desprotegido Norte de nuestro país, etcétera. En esos lugares, sigue habiendo una pobreza extrema que da miedo, y que nadie quiere mostrar mediáticamente, pero que basta con dar unas vueltas por esas zonas para entender que es así. Por suerte todavía es posible ver la realidad en primera persona. En estos lugares prima ese modus operandi de una manera perversa de entender la política, a la que le conviene que haya pobres para que se repita el ciclo que describí antes.

Pero lamentablemente ahí NO está lo peor. ¿Por qué? Porque si hago una lectura de la manera de hacer política un poco más acá en el tiempo (desde hace diez años, en adelante), noto que esa situación desapareció en ciertos puntos, pero no desapareció para dar lugar al pensamiento crítico, a los salarios dignos, al fomento del trabajo, a la industria, a la ciencia, sino que evolucionó  a una forma peor, aún más fina y menos perceptible, pero también más perversa que la anterior.

Se trata de tomar a los mismos sectores vulnerables, y utilizando como medio asignaciones familiares y obsequios (*), otorgarles cierta movilidad social momentánea, pero mientras tanto, aturdirnos a todos con un relato autorreferencial  en el cual ellos mismos se colocan como dioses, como los hacedores de una nueva Argentina mejor que la anterior y como dignos de nuestro elogio constante, y a quienes les debemos todo. Dos factores hacen constantemente a este sistema:

  •          Todo el aparato estatal (medios de comunicación, el Congreso,  la educación pública, el entretenimiento, los deportes, las campañas públicas, celebraciones, actos oficiales, etcétera) se encuentran al servicio de ese relato, y nosotros somos las víctimas.
  •          Una práctica en extinción en nuestra sociedad: el pensamiento crítico. Nuestras escuelas ya no enseñan a tomar la realidad, desmenuzarla, analizarla críticamente y tomar postura. Esto es perverso: recibimos información y nos adoctrinan como tontos. Sólo accedemos a ellos quienes personalmente nos preocupamos por hacerlo, y no se trata de una política nacional educativa por la cual se enseñe a los más chicos, desde su edad escolar, a no dejarse engañar. Todo lo contrario: se nos mete información subjetiva y llena de ideología.


Particularmente puedo rescatar logros del partido político gobernante en los últimos años. Pero también puedo detectar un grado de perversión y corrupción enormes, que me hacen ponderar los logros y esa situación, y acabo por mirar todo lo que hacen a través de ese paradigma: ¿cuán valorable es cualquier logro, por grande que sea, si mientras tanto se están aprovechando del pueblo, le están robando, lo están estafando y  nos están adoctrinando a su gusto?

El conjunto de relato, falta de pensamiento crítico, adoctrinamiento y esa situación de vulnerabilidad en la que nos colocan que nos hace pensar que  “todos le debemos lo que somos al gobierno”, también se ve en las urnas, y también garantizan que sigan el poder, la corrupción y que la política siga siendo un negocio.

¿A qué voy con todo esto? A que mientras la Presidente se encarga de tejer un paralelismo entre antes y después de 2003, resaltando sus “logros”, yo veo otra situación: para mí después de 2003, el aparato de corrupción y poder evolucionó, se hizo más fino, menos perceptible, más perverso.  Y tomar medidas claras y concretas para acabar con todo eso debería ser la principal propuesta de cualquier política opositora seria.

Creo que, por suerte, no era sólo una idea loca J

(*)Quiero aclarar que NO estoy en contra de las políticas de asignaciones familiares en sí mismas. Sí tengo un concepto diferente de las ellas: desde mi punto de vista, para evitar que las mismas se vuelvan clientelistas y contraproducentes, no deberían estar planteadas para perpetuarse, sino sólo para parchar el problema de la falta de trabajo, o la marginalidad. Sería más sano y más sincero que la verdadera política de estado y tendiente a perpetuarse sea asegurarle a cada ciudadano un empleo formal que baste para poder vivir y avanzar.

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